¿Que son los Delirios? Algunas dificultades Epistemológicas.

Antes de entrar en qué es un delirio es importante recordar que el delirium no es sinónimo de delirio, aunque en ocasiones delirium se traduce de forma incorrecta como delirio. El delirium, o Cuadro Confusional Agudo, es una alteración brusca y reversible de la las funciones cognitivas superiores con un nivel de conciencia alterado y marcados déficits atencionales. Para complicar un poco más esta relación en el Dulirium pueden aparecer síntomas psicóticos como lo delirios.

Los deliros pueden aparece en muchos cuadros tanto psiquiátricos como neurológicos: Esquizofrenia, Trastorno Delirante Crónico, Depresión, Manía, intoxicación o abstinencia de drogas, demencias, secundarios a tratamientos farmacológicos, Corea de Huntington, etc.

Pero… ¿Qué es un Delirio? Cualquiera que tenga cierto interés por cuestiones psicopatológicas podría responder con rapidez a esta pregunta. Se trata de una creencia fija y falsa, que el sujeto defiende contra toda evidencia, y es culturalmente atípica (es decir, que no es una idea normalmente aceptada en su contexto cultural).

El término delirio es vagamente aplicado a todos los juicios erróneos que comparten las siguientes características… son sostenidos con extraordinaria convicción, con una incomparable certeza subjetiva; hay una impermeabilidad a otras experiencias y una resistencia a la contrargumentación; su contenido es imposible.

Karl Jaspers, 1913

Pero como casi siempre que ponemos la lupa sobre la definición de un concepto, y más en psiquiatría, acaban surgiendo más preguntas que respuestas. ¿Son fijos los delirios?. No siempre. Las medicaciones pueden resolverlos y algunas técnicas psicoterepeuticas los pueden controlar. Además, los delirios pueden variar a lo largo del tiempo en su intensidad y repercusión sobre el paciente. ¿Son falsos? En muchas ocasiones si, pero no siempre. Imaginémonos, por ejemplo, un delirio celotípico donde un sujeto tiene la convicción delirante de que su mujer le está siendo infiel porque en las noticias de televisión percibe pequeñas señales que así lo demuestran. Además, se da la circunstancia que su mujer realmente le está siendo infiel. Por tanto el delirio, en este caso, no es una idea falsa. ¿Se defienden los delirios contra toda evidencia? Pero… ¿que tipo de evidencia tiene el médico para determinar que los delirios son mantenidos contra toda evidencia? Imaginemos a un paciente que trabaja en una panadería y padece un delirio de persecución donde, según explica, es un agente secreto de la CIA que a través de su negocio transmite información vital para la seguridad mundial; y que por este motivo está convencido de que su vida corre peligro. Parece “evidente” que en el contexto de este paciente esto se trata de un delirio. Pero… ¿cómo podemos estar seguros que no es un agente de la CIA?, ¿hasta que punto nuestra evidencia es incontrovertible?. Y el último pilar de la definición: ¿son los delirios culturalmente atípicos? Con esto se quiere excluir como delirantes a aquellas creencias que puedan tener un importante calado cultural, pese a ser falsas, fijas y sostenerse contra toda evidencia; como puede ser el caso de determinadas ideas religiosas (p.ej. el creacionismo en determinadas regiones de Estados Unidos, el vudú en Haití, etc.). Pero como no podía ser de otra manera son muy frecuentes los delirios con temáticas religiosas, políticas o tecnológicas con un profundo calado en la cultura del paciente.

Esta dificultad para sistematizar en una definición el concepto de delirio (y por tanto de psicosis) ha provocado que algunas corrientes de pensamiento en psiquiatría nieguen la validez de este concepto. ¿Cualquiera de las objeciones que hemos hecho a la definición de delirio lo refuta como concepto? Si asumimos que cualquier conocimiento es siempre una aproximación y que deberemos aceptar una teoría si distintos caminos de evidencia la apoyan, en ausencia de contradicciones definitivas a ella, mientras no tengamos una mejor teoría alternativa para explicar los datos; veremos que el concepto de deliro sigue siendo válido. Si aplicamos esta esquema al concepto de delirio tenemos la posibilidad de llegar a la conclusión de si cierto pensamiento es o no  delirante por distintos caminos: ¿es falso?, ¿es fijo?, ¿es irreductible a la argumentación?, ¿es culturalmente aceptable?, ¿se basa en procesos de pensamiento erróneos o ilógicos?, ¿es posible?. Como acabamos de decir, todo conocimiento es una aproximación, por la tanto nunca tendremos una certeza absoluta de si un pensamiento es delirante o no. Pero  cuanto más criterios de delirio cumpla una idea más probable va a ser que se trate de un delirio, hasta encontrarnos con que la probabilidad de que no lo sea es mínima.

¿Qué es la Psicosis?

La Psicosis es un estado que puede aparece en algunos Trastornos Mentales cuando estos son suficientemente graves. De forma clásica se dice que los pacientes que sufren psícósis, o están psicóticos, se encuentran “fuera de la realidad”, ya que los síntomas característicos de estos estados son las Alucinaciones (Trastornos de la Sensopercepción) y los Delirios (Trastornos del Contenido del Pensamiento); y que quien los sufre no los reconoce como patológicos; por lo que resulta muy complicado establecer los límites entre lo que es real y lo que es un síntoma de su enfermedad.

En ocasiones Psicosis y Psicopatía se emplean de forma errónea como si fueran sinónimos. Realmente su único parecido es fonético, ya que la psicopatía es una forma de referirse al Trastorno Antisocial de la Personalidad. Por otro lado Psicosis y Esquizofrenia tampoco son sinónimos. Aunque en este caso los lazos entre ambos son más profundos. La Esquizofrenia es el prototipo de Trastorno Psicótico (es decir que presenta delirios y alucinaciones con frecuencia), pero no es la única. Muchas otras enfermedades o cuadros clínicos pueden presentar síntomas psicóticos: el Trastorno Delirante Crónico, el Trastorno Esquizoafectivo, la manía, la depresión, la intoxicación por cocaína o anfetamina (y muchas otras drogas), la abstinencia de algunas drogas (como el alcohol), el tratamiento con fármacos prodapaminérgicos en la Enfermedad de Parkinson, la enfermedad por cuerpos de Lewy, la Corea de Huntington, los accidentes cerebrovasculares, los tumores, la epilepsia, etc. En la mayoría de estos cuadros la presencia de síntomas psicóticos está relacionado con un exceso de actividad dopaminérgica en algunas estructuras del Sistema Nervioso Central.

Por tanto, de cara al diagnóstico, los síntomas psicóticos son muy importantes pero por si solos no nos determinan la enfermedad que padece nuestro paciente. Ocurre como con un “cuadro febril”. La fiebre, como síntoma, es importante pero no nos da el diagnóstico (si la fiebre está provocada por una infección, un tumor, un golpe de calor, etc.). En ambos casos, con los síntomas psicóticos y con la fiebre, tendremos que continuar explorando al paciente y poniendolo en un contexto para determinar el cuadro que está detrás del síntoma.

¿Alguien que conoces piensa en Suicidarse?

Los datos son abrumadores y no deberían dejar indiferente a nadie. Se estima que un millón de personas se suicidan al año en todo el planeta lo que coloca al suicidio entre las primeras cinco causas de muerte en el mundo. En varones entre 15 y 34 años es la segunda causa de muerte. En España el suicidio es la principal causa de muerte en las mujeres de entre 30 y 34 años. Según las muestras, en España entre 3300 y 4500 personas se suicidan al año causando más muertes que los accidentes de tráfico. ¿Cómo es posible esta cantidad inabordable de sufrimiento sin que todas las alarmas sanitarias hayan saltado? Además, como aborda Juan Carlos Pérez Jiménez en su libro: “La mirada del Suicida. El enigma y el Estigma” del que hablaré en otra entrada; si cualquier muerte inesperada es dolorosa para la familia, sobre todo si se trata de una persona joven, la tragedia en el suicidio se extiende más allá del suicida y afecta directamente a las familias. Ya que hoy por hoy, el suicidio, sigue siendo un tabú. ¿Dónde están las 3500 personas que fallecieron el año pasado por suicidio? ¿Y sus familias? El estigma de la enfermedad psiquiátrica les hace permanecer en el anonimato. No hay estadísticas en los noticiarios, no hay campañas de presión para que se estudie este tema, no hay colectivos de afectados… Y hablamos de varios millones de personas que han perdido cada año a un ser querido de la forma más trágica que podamos imaginar.

Hay muchos temas para abordar sobre el suicidio que irán ocupando entradas en el futuro. Hoy quiero centrarme en ¿Cómo podemos identificar si alguien de nuestro entorno puede estar pensando en suicidarse? y ¿Cómo abordamos esta situación?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que el 90% de quienes se suicidan presentan una enfermedad psiquiátrica diagnosticable; y pese a que no todos quienes padecen una enfermedad mental consideran el suicidio, este es un fenómeno suficientemente frecuente como para que debamos pensar en él. Aunque el suicidio también es frecuente en otras patologías, el 80% de las personas que se suicidan padecen una depresión. La ideas suicidas son tan frecuentes en la depresión que tienden a considerarse un síntoma más del cuadro.

Pese a que predecir que personas van a realizar un intento suicida es muy difícil existen algunos signos de alerta que debemos tener en cuenta si aparecen en una persona de nuestro entorno:

  • Expresar sentimientos de inutilidad, impotencia para cambiar la situación y desesperanza sobre el futuro.
  • Descuidar el aspecto y el aseo personal.
  • Incremento del consumo alcohol o drogas.
  • Hablar abiertamente de matarse sobre todo si presenta un plan específico para hacerlo.
  • Gestos de despedida como hacer o modificar un testamento, realizar cambios en las  cuentas bancarias, regalar pertenencias, etc.
  • Cambios repentinos del estado de ánimo tanto por un empeoramiento de los síntomas depresivos como la remisión espontánea e inexplicable de los mismos.

¿Qué podemos hacer ante estos signos?

  • Hablar sobre ello de forma clara y abierta ante la mera sospecha.
  • No hay que temer miedo a “dar ideas” por abordar el tema de suicidio.  Lo más normal es sentirse aliviado al poder compartir la ideas que uno está presentando respecto al suicidio.
  • Toda amenaza hay que tomarla seriamente. Es un mito que las personas que hablan sobre el suicidio no terminan cometiendolo. De hecho, la mayoría de las personas que se suicidan habían hablado previamente de ello.
  • Ponerse en contacto con el médico, familia o amigos del paciente.
  • Escuchar sin crítica ni juicio, con compasión.
  • Expresa tu interés, preocupación y disposición para ayudar.
  • Retira cualquier cosa que pueda emplearse para hacerse daño:  medicación, armas, etc-
  • Durante todo el proceso y hasta que dispongas de ayuda nunca  lo dejes solo.

Lo más probable es que el simple hecho de pensar que una persona cercana pueda estar pensando en suicidarse te genere ansiedad y emociones contradictorias. Pero es importante que actúes, ya que tu intervención puede estar salvando una vida.