Epiléptico. La Ascensión del Gran Mal.

Epíléptico: La Ascensión del Gran Mal, es una obra de David B. (alter ego de Pierre François). Se trata de un género poco conocido en nuestro país: el cómic. Qué en las últimas décadas ha intentado reinventarse como Nóvela Gráfica en un esfuerzo por parte del cómic de “asaltar la fortaleza de la respetabilidad cultural”. Pocas veces este esfuerzo es tan intenso como en Epilético, donde a través de 376 páginas de ilustraciones impactactantes, oscuras y de bordes afilados como el propio Gran Mal; nos relatan el periplo vital de una familia donde se ha instalado un nuevo miembro: la Epilepsia.

Por supuesto no se trata de un tratado sobre la epilepsia. Sino de la visión que sobre ésta tiene el hermano menor (el autor) de un chico afectado por esta enfermedad. Las crisis se convierten en monstruos en forma de serpiente en la imaginación del protagonista y la propia enfermedad como una montaña que ha de ascenderse por toda familia. Con gran contenido autobiográfico que le generaron muchas tensiones con su familia en el mundo real, David B. narra el periplo que realiza toda la familia por neurólogos, psiquiatras, neurocirujanos, psiconalistas y todo un elenco de extraños terapeutas alternativos para erradicar la enfermedad de su hijo pero que tan solo conduce al aislamiento progresivo de toda la familia en su lucha contra el Gran Mal.

Sin duda un libro muy interesante para los que conocen el género de la Novela Gráfica o una manera impactante de introducirse en él.

¿Que son las Obsesiones y las Compulsiones?

Ambos síntomas son característicos del Trastorno Obsesivo Compulsivo, pero ¿qué entendemos los psiquiatras cuando hablamos de obsesiones y compulsiones?
Las obsesiones las definimos como pensamientos parásitos, egodistónicos que reconocemos como propios. Parásitos porque son pensamientos que aparecen en nuestra conciencia sin que los hayamos evocado y persisten pese a nuestro esfuerzo de deshacernos de ellos. Egodistónicos porque nos generan malestar (tensión, ansiedad, temor, dificultades para concentrarnos, escrúpulos morales, duda, repulsión, etc.). La última característica de los pensamientos obsesivos es que pese a lo extraño muchas veces de estos pensamientos los reconocemos como propios; es decir, somos capaces de reconocer como patológico este tipo de ideas.
Las compulsiones son generalmente actos motores (aunque no siempre, también pueden ser pensamientos como por ejemplo recitar una frase, canción, rezo, etc.). Lo que define una compulsión es su propósito, que es neutralizar el malestar provocado por la obsesión. Mediante la compulsión se alivia la tensión psíquica generada por la obsesión.
Las obsesiones más frecuentes son las de contaminación (por ejemplo la preocupación de haberse contaminado con algún germen al tocar el pomo de una puerta) que se siguen de compulsiones de limpieza (limpiarse de forma concienzuda las manos incluso con productos que pueden llegar a ser abrasivos).
En muchas ocasiones la relación entre obsesión y compulsión es más compleja ya que entre ambas puede que no se establezca ningún nexo lógico. Por ejemplo, un temor a atragantarnos si comemos alimentos con determinadas características (obsesión) que para neutralizarlo recurrimos a recitar mentalmente algunos números primos (compulsión). O el temor a poder morir por la noche (obsesión) si antes de acostarnos no encendemos y apagamos la luz cinco veces (compulsión).

Si quieres conocer más sobre el Trastorno Obsesivo Compulsivo pincha aquí.

Declaración de Intenciones.

Como indica el título de este blog voy a hablar fundamentalmente de psiquiatría. Una especialidad médica tremendamente interesante pero particular donde las haya. No se si tiene que ver con quienes nos dedicamos a la psiquiatría, o con el objeto de estudio de la misma, pero lo que es evidente es que en ninguna otra especialidad médica puede existir tanta disparidad de criterios sobre una misma cuestión. Y me explico…

Imaginémonos a dos traumatólogos (especialidad que podríamos considerar en el polo opuesto de la psiquiatría si considerásemos a todas las especialidades en un espectro) mirando una radiografía de una fractura de húmero. Imagino (partiendo de mi absoluto desconocimiento del manejo de estas fracturas) que podrían discutir sobre si el tratamiento es quirúrgico o conservador, si se utiliza una placa o un tornillo, si la sutura se da por un lado u otro. En fin… estarían de acuerdo en lo básico. Lo que pueden discutirse son matices sobre algo concreto: el paciente tiene determinada fractura del húmero y algo hay que hacer. Seguro que nos resultaría especialmente extraño que los traumatólogos discutieran sobre si la factura “realmente” existe; o que dado que la fractura es una consecuencia lógica de haber ejercido una fuerza excesiva en el ángulo equivocado no debe ser tratada; o que las fracturas no existen o son fruto de métodos imperfectos de observación; o que es la industria que vende los aparatos de Rayos X quién está sobredimensionando el problema de las fracturas; o en los límites de la libertad del individuo  para resolver fracturas por por si mismo; o que todo se reduce a un trastorno bioquímico en el proceso desmineralización del hueso y ESO es lo único importante independientemente de si se trata de una abuela de 93 años o un futbolista profesional de 23.

Lamentablemente esta es la realidad de la psiquiatría en muchos ámbitos. Una psiquiatría polarizada (por lo menos en el discurso de los psiquiatras y quizás no tanto en la práctica) entre quienes defienden que los trastornos mentales son enfermedades del cerebro aunque no se conozcan los mecanismos últimos que las provocan y los psiquiatras que consideran que los trastornos mentales juegan un papel fundamental los fenómenos psicológicos y el contexto social y familiar del paciente. Unos desdeñan “lo psicológico“, los otros “lo biológico“. Unos optan por los fármacos como pilar fundamental del tratamiento, otros por las intervenciones psicológicas, sociales o familiares. Unos utilizan un diagnóstico para cada síntoma psicopatológico, otros piensan que los diagnósticos psiquiátricos son meras invenciones. Esta polarización no acaba siendo una simple orientación teórica dentro de la disciplina sino que la trasciende en los hábitos, usos y costumbres de los psiquiatras que optan (o se ven abocados) por una u otra orientación.

En este blog voy a intentar hablar de una psiquiatría más amable. Menos dogmática. Entendiendo, que como casi siempre, en ambas orientaciones hay algo de cierto. Aunque esto no quiera decir que ambas aproximaciones a la enfermedad mental sean igual de válidas para todas las situaciones que puede hacer frente un psiquiatra, sino que en determinadas circunstancias y patologías una de las aproximaciones puede ser más útil que la otra. Es desde esta aproximación pluralista donde creo que la psiquiatría puede salir del atolladero de los dogmatismos biológicos y psicológicos.