Psiquiatría | Conceptos

Historia, filosofía y psicopatología

Iván Lerma Carrillo · Médico psiquiatra


Anhedonia

¿Qué significa no disfrutar de nada?

En mayo de 2026 se publicó un experimento que me parece especialmente interesante para entender uno de los síntomas más conocidos de la depresión. Sus autores reunieron a 103 personas, 52 de ellas con depresión mayor, para estudiar algo muy sencillo en apariencia: cuánto apetecía un alimento antes de tenerlo delante y cuánto gustaba después de probarlo.

Los participantes habían acudido en ayunas. Tenían que valorar, en distintos momentos, sus ganas de comer ciertos alimentos, entre ellos galletas y pasas, y lo agradables que les resultaban. Al principio, cuando la comida todavía no estaba disponible, las personas con depresión expresaron, por término medio, menos ganas de comerla que los participantes del grupo de comparación. Esa diferencia se redujo al tener los alimentos delante. Y, al probarlos, no se encontró una disminución equivalente del placer que decían experimentar.

¿Por qué me parece interesante? Porque tendemos a entender la anhedonia como si fuera una especie de anestesia del placer. Alguien nos dice «ya no disfruto de nada» y pensamos que las cosas que antes le gustaban han dejado de producirle satisfacción. A veces ocurre precisamente eso. Pero puede suceder algo diferente: que la dificultad aparezca antes, cuando todavía hay que imaginar, desear o ponerse en camino hacia aquello que en otro momento resultaba agradable.

Pensemos, por ejemplo, en una persona a la que antes le gustaba salir a cenar con sus amigos. Ahora, cuando la invitan, no le apetece ir. No espera pasarlo bien y la perspectiva de prepararse, salir de casa y mantener una conversación le parece un esfuerzo enorme. Si finalmente va y tiene un rato agradable, ¿significa que no le ocurría nada? Evidentemente, no. Pero tampoco sería exacto decir que había perdido por completo la capacidad de disfrutar de esa cena. Son preguntas distintas, y conviene no confundirlas.

La dificultad viene de lejos. En 1896, Théodule Ribot introdujo la palabra anhedonia en su libro La psychologie des sentiments, por analogía con analgesia. Si se podía perder la sensibilidad al dolor, ¿por qué no iba a poder perderse la capacidad de sentir placer? Ribot distinguía entre una anhedonia física y otra que llamaba «moral», relacionada con la alegría y los afectos. Pero hay un detalle curioso en ese mismo capítulo: al hablar del placer, señala que también puede aparecer como anticipación, y utiliza el ejemplo de un perro cuando ve que le llevan la comida.

Hay una pequeña paradoja en ese pasaje. La analogía con la analgesia invita a pensar en una capacidad única que se conserva o desaparece; sin embargo, el propio placer se manifiesta de maneras diferentes. No es lo mismo disfrutar de una comida que desearla, recordar cuánto nos gustó o tener ganas de repetirla al día siguiente.

En 1995, Germán Berrios y José Manuel Olivares revisaron la historia del concepto y encontraron precisamente ese problema: habíamos definido la anhedonia como la pérdida de algo —el placer— cuyos límites tampoco estaban claros. Incluso plantearon que quizá sería más prudente hablar de «anhedonias», en plural. Su propuesta no resuelve por sí sola qué experiencias debemos reunir bajo ese nombre, pero nos obliga a precisar a qué nos referimos.

La investigación más reciente distingue diferentes momentos y procesos relacionados con la recompensa. Suele hablarse de wanting, liking y learning: los procesos que intervienen en la búsqueda de algo deseado, en la respuesta placentera y en el aprendizaje a partir de lo que sucede. Son distinciones útiles, siempre que no creamos que las tres palabras en inglés nombran directamente tres sensaciones que cualquier persona pueda reconocer en sí misma. Una puntuación experimental de wanting, por ejemplo, no es una lectura transparente de todos nuestros deseos y expectativas.

Volvamos al estudio de las galletas. La diferencia inicial en las ganas de comer fue pequeña y el número de participantes era limitado. Además, al analizar los subtipos de depresión, los autores observaron que la reducción del deseo anticipatorio estaba impulsada especialmente por quienes presentaban depresión melancólica. No podemos convertir este resultado en una descripción de todas las depresiones, ni deducir que el placer esté siempre conservado. Lo que sí permite el experimento es formular una pregunta mejor: cuando alguien dice que ha perdido el placer, ¿en qué momento de la experiencia aparece exactamente la dificultad?

Tampoco es una distinción puramente verbal. Durante años se ha relacionado la anhedonia con la dopamina, a veces presentada de manera demasiado simple como la «sustancia del placer». Pero intervenir en la motivación, en el esfuerzo que estamos dispuestos a realizar o en el aprendizaje de una recompensa no es exactamente lo mismo que modificar lo agradable que resulta disfrutarla. Mezclar estos fenómenos dificulta tanto la investigación como la interpretación de sus resultados.

En la consulta podemos encontrarnos con descripciones que suenan iguales y, sin embargo, no lo son. Una persona puede haber dejado de interesarse por sus aficiones; otra puede seguir buscándolas, pero descubrir que ya no le producen satisfacción; una tercera puede tener algún momento agradable y ser incapaz de imaginar que volverá a disfrutarlo. No son categorías diagnósticas nuevas. Son diferencias en la experiencia que una pregunta demasiado general puede dejar sin explorar.

Hay, además, una dificultad añadida: no siempre contamos bien lo que hemos sentido. Cuando preguntamos si alguien ha disfrutado durante las últimas semanas, le pedimos que reconstruya muchos momentos distintos y los resuma en una respuesta. Para estudiar lo que ocurre mientras vivimos esas situaciones, algunos investigadores hacen preguntas breves varias veces al día. Una revisión de Joanne Beames y colaboradores, publicada en 2025, reunió 113 estudios de este tipo. Encontró una considerable variedad de formas de medir la anhedonia y mostró que las respuestas podían cambiar según el momento y el contexto. No significa que una experiencia fugaz invalide el relato general de una persona; significa que cada forma de preguntar ilumina una parte diferente del problema.

Por eso, si alguien me dice que ya no disfruta de nada, me interesa saber qué ha dejado de hacer, qué sucede cuando se encuentra con algo que antes le gustaba y cómo recuerda después ese momento. También si el problema está en no sentir placer, en no esperar encontrarlo o en no reunir las fuerzas necesarias para buscarlo. Puede haber varias dificultades a la vez, por supuesto, pero no tenemos por qué darlas por supuestas.

Si en aquel experimento los investigadores solo hubieran preguntado cuánto les gustaba comer a los participantes, habrían pasado por alto la diferencia que apareció antes de ofrecerles la comida. Y si solo hubieran medido las ganas, no habrían sabido qué ocurría al probarla. Quizá con la anhedonia nos sucede algo parecido cuando intentamos entenderla mediante una sola pregunta.

Referencias

Ribot, T. (1896). La psychologie des sentiments. Félix Alcan. https://fr.wikisource.org/wiki/Livre:Ribot_-_La_psychologie_des_sentiments,_Félix_Alcan,_1896.djvu

Berrios, G. E., y Olivares, J. M. (1995). The anhedonias: A conceptual history. History of Psychiatry, 6, 453–470. https://doi.org/10.1177/0957154X9500602403

Treadway, M. T., y Zald, D. H. (2011). Reconsidering anhedonia in depression: Lessons from translational neuroscience. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 35, 537–555. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2010.06.006

Rømer Thomsen, K., Whybrow, P. C., y Kringelbach, M. L. (2015). Reconceptualizing anhedonia: Novel perspectives on balancing the pleasure networks in the human brain. Frontiers in Behavioral Neuroscience, 9, 49. https://doi.org/10.3389/fnbeh.2015.00049

Beames, J. R., et al. (2025). Using the experience sampling methodology to measure anhedonia and its correlates in mental health research: A systematic review. Clinical Psychology Review, 119, 102590. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2025.102590

Schulz, C., et al. (2026). Blunted anticipation, but not consummation, of food rewards in depression. Cell Reports Medicine, 7, 102796. https://doi.org/10.1016/j.xcrm.2026.102796

Iván Lerma Carrillo · Historia, filosofía y psicopatología