Psiquiatría | Conceptos

Historia, filosofía y psicopatología

Iván Lerma Carrillo · Médico psiquiatra


Antidepresivos y embotamiento emocional

Diapasón apoyado sobre un pañuelo plegado, dibujado con líneas negras sobre fondo marfil.

Cuando las cosas dejan de afectarnos

Imaginemos que una amiga nos cuenta una buena noticia. Llevábamos semanas pendientes de ella y sabemos cuánto significa lo que acaba de conseguir. Contestamos, preguntamos, nos quedamos hablando. Todo parece estar en su sitio salvo algo difícil de señalar: la alegría no llega. Reconocemos que aquello nos importa, pero no encontramos la emoción que esperábamos sentir. Si además estamos tomando un antidepresivo, es fácil que aparezca una pregunta: ¿me está pasando por la medicación?

Lo que suele llamarse embotamiento emocional es una disminución de la intensidad de las emociones, que puede afectar tanto a las agradables como a las dolorosas. Algunas personas lo describen diciendo que no consiguen emocionarse, que les cuesta llorar o que las cosas les dan más igual. La expresión reúne experiencias distintas. Para entenderla hay que preguntar qué ha disminuido y con qué se está comparando ese cambio.

En nuestro ejemplo, quizá antes cualquier contratiempo desencadenaba horas de angustia. Ahora la persona puede escuchar una preocupación ajena sin quedar atrapada en ella. Ese cambio puede ser un alivio. Pero también podría notar que le cuesta compartir una alegría, sentir ternura o conmoverse con algo que sigue considerando valioso. La dificultad aparece cuando la tranquilidad que agradece viene acompañada de una distancia que no buscaba.

En 2009, Jonathan Price y sus colaboradores estudiaron cómo describían estas experiencias personas que tomaban inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Recogieron relatos de menor intensidad afectiva, desconexión y cambios en aquello que les importaba. Algunas valoraban ciertos efectos como útiles al principio y problemáticos más adelante. Muchas sentían que podían distinguirlos de su depresión. El estudio permitió describir esa vivencia; no podía demostrar que todos los cambios fueran causados por el medicamento. 1

Conviene detenerse en las palabras. La anhedonia se refiere a la disminución del interés o del placer; la apatía, a una reducción de la motivación. El embotamiento apunta a algo más amplio: pueden atenuarse también la tristeza, el enfado o el afecto. Se solapan, pero no son nombres intercambiables. Alguien puede seguir organizando encuentros y, sin embargo, vivirlos con poca resonancia emocional. Otro puede disfrutar cuando acude, aunque le cueste muchísimo ponerse en marcha. 2

Eso explica por qué preguntar únicamente «¿estás menos triste?» puede dejar fuera una parte importante del cambio. También importa si la persona vuelve a interesarse por lo que hace y cómo responde a los acontecimientos. Incluso la dificultad para llorar necesita contexto: puede acompañar al alivio de un sufrimiento o resultar penosa porque se quiere expresar una emoción que parece no llegar. El mismo gesto ausente puede significar cosas distintas.

Para investigar cuánto contribuye el fármaco hay estudios que intentan separar su efecto del de la depresión. Christelle Langley y sus colaboradores compararon escitalopram con placebo en 66 voluntarios sanos durante al menos tres semanas. Encontraron una menor sensibilidad al refuerzo: los resultados de determinadas tareas influían menos en las elecciones posteriores de quienes recibían escitalopram. No encontraron diferencias significativas en otras medidas cognitivas evaluadas. 3

Los autores plantearon que ese resultado podría ayudar a explicar el embotamiento. Es una posibilidad, pero entre modificar el aprendizaje en una tarea y dejar de sentir alegría por una amiga hay una distancia considerable. El experimento no demuestra que los participantes hayan perdido afecto ni permite concluir que todos los antidepresivos produzcan la misma experiencia. Ofrece una pista sobre un proceso, no una traducción completa de lo que alguien vive.

La evidencia en personas con depresión obliga, además, a mirar en la otra dirección. Evyn Peters y sus colaboradores analizaron tres ensayos de ocho semanas con bupropión, venlafaxina o escitalopram; dos incluían placebo. La capacidad de sentir mejoró, en promedio, en todos los grupos. No encontraron diferencias significativas entre tratamientos en el empeoramiento del embotamiento. Una parte de los participantes seguía teniendo dificultades para sentir al final. 4

Los autores propusieron que, en ese contexto, podía tratarse de un síntoma residual. Lo habían medido mediante un único ítem de una escala de depresión, y ocho semanas no resuelven lo que ocurre durante años de tratamiento. Aun con esas limitaciones, el resultado impide convertir cualquier distancia emocional en una prueba de efecto adverso. La propia depresión también puede dejar a la persona con una vida afectiva empobrecida.

Volvamos a la conversación con la amiga. Antes de decidir qué significa esa alegría que no llega, necesitamos situarla en el tiempo. ¿Ya ocurría antes de empezar el tratamiento? ¿Cambió después de un ajuste? ¿La angustia ha disminuido mientras persisten otras dificultades? Esas diferencias orientan la revisión clínica. La respuesta no debería consistir en aumentar, reducir o dejar la medicación por cuenta propia: habría que valorar juntos la evolución, los beneficios y lo que se está echando de menos.

En la entrada sobre antidepresivos e identidad personal aparecía la pregunta de si uno se reconoce en el cambio. Aquí podemos empezar por algo más concreto. La persona sigue queriendo a su amiga, entiende su alegría y desea compartirla; lo que encuentra cambiado es su manera de sentir ese encuentro. Si al valorar el tratamiento solo anotamos que ya no llora tanto o que cumple con sus obligaciones, esa parte de la conversación puede quedarse sin escuchar.

Referencias

1. Price J, Cole V, Goodwin GM. Emotional side-effects of selective serotonin reuptake inhibitors: qualitative study. British Journal of Psychiatry. 2009;195(3):211–217. Consultar estudio

2. Jawad MY, et al. Can antidepressant use be associated with emotional blunting in a subset of patients with depression? A scoping review of available literature. Human Psychopharmacology. 2023. Consultar estudio

3. Langley C, et al. Chronic escitalopram in healthy volunteers has specific effects on reinforcement sensitivity: a double-blind, placebo-controlled semi-randomised study. Neuropsychopharmacology. 2023;48:664–670. Consultar estudio

4. Peters EM, Balbuena L, Lodhi RJ. Emotional blunting with bupropion and serotonin reuptake inhibitors in three randomized controlled trials for acute major depressive disorder. Journal of Affective Disorders. 2022;318:29–32. Consultar estudio

Iván Lerma Carrillo · Historia, filosofía y psicopatología